Pueblos originarios y exploración del territorio

Pueblos originarios y exploración del territorio

Las primeras rutas de Aysén

La Región de Aysén, con su geografía fragmentada de fiordos, canales, ventisqueros, bosques, ríos, lagos y estepas, fue uno de los últimos territorios de la Patagonia en ser explorado y documentado por la cultura occidental. Sin embargo, mucho antes de la llegada de colonos, empresas ganaderas y expedicionarios europeos, este territorio ya era habitado, navegado y recorrido por pueblos profundamente adaptados a sus condiciones naturales.

La historia temprana de Aysén puede entenderse a partir de dos grandes mundos geográficos: el litoral de canales, archipiélagos y fiordos, habitado por pueblos canoeros, y el interior oriental de pampas, valles abiertos y pasos cordilleranos, recorrido por pueblos cazadores terrestres.

En la zona de canales, islas y bordes costeros, los Chonos desarrollaron una forma de vida profundamente vinculada al mar. Navegaban por los archipiélagos australes en embarcaciones, desplazándose entre islas, bahías y canales, viviendo de la pesca, la recolección de mariscos y la caza de fauna marina. Su territorio natural fue el agua: una geografía móvil, húmeda y fragmentada, donde la navegación era la principal forma de habitar.

Más al sur, en los canales australes, los Kawésqar, también conocidos históricamente como alacalufes, formaron parte de la gran tradición canoera de la Patagonia. Su vida estuvo marcada por el desplazamiento constante, el uso del fuego, la navegación y una relación estrecha con el mar, los fiordos y los paisajes fríos del extremo austral.

En el sector oriental de Aysén, donde la estepa patagónica se abre hacia los valles interiores y la frontera con Argentina, habitaron y transitaron los Aónikenk, también conocidos como Tehuelches. Eran pueblos cazadores-recolectores, profundamente vinculados al movimiento estacional, a la caza del guanaco y al recorrido de amplios territorios de la pampa.

Su presencia dejó huellas importantes en la región, especialmente en sectores donde la estepa ingresa hacia Aysén, como Coyhaique Alto, Cerro Castillo, Chile Chico, Cochrane, Cisne Medio y otros territorios interiores. En estos lugares se conservan expresiones rupestres y evidencias arqueológicas que dan cuenta de una ocupación antigua, ligada a rutas naturales, campamentos y espacios de tránsito.

La propia geografía explica esta diversidad de formas de vida. Mientras el litoral se abría hacia canales, archipiélagos y navegación, el interior estaba definido por pampas, ríos, lagos, pasos cordilleranos y valles utilizados como rutas naturales. Antes de existir caminos modernos, Aysén ya tenía rutas: rutas del agua, de la caza, de la navegación, del viento y de la montaña.

El origen del nombre Aysén también refleja esa relación profunda con el paisaje. Una versión lo vincula al vocablo huilliche “achen”, asociado a la idea de desmoronarse o desmembrarse, imagen que dialoga con una costa donde la tierra parece fragmentarse entre fiordos, islas, hielos y montañas. Otra interpretación lo relaciona con el término tehuelche “aiken”, entendido como lugar o campamento. Más allá de las distintas versiones, ambas lecturas hablan de un territorio definido por su geografía y por la presencia humana que lo recorrió desde tiempos antiguos.

La exploración moderna comenzó a tomar fuerza en el siglo XIX, cuando el Estado chileno necesitó conocer con mayor precisión la Patagonia occidental y sus rutas interiores. Entre 1870 y 1871, el capitán Enrique Simpson realizó importantes expediciones hidrográficas por la costa y el río Aysén, demostrando que existían vías de acceso hacia los valles interiores.

Más tarde, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, el geógrafo Hans Steffen recorrió las cuencas de grandes ríos patagónicos como el Palena, Cisnes, Aysén y Baker. Sus estudios fueron fundamentales para el conocimiento geográfico de la región y para la defensa de los intereses chilenos en la definición de límites con Argentina.

El Laudo Arbitral de 1902 marcó un punto decisivo. A partir de ese momento, el Estado chileno impulsó con mayor fuerza la ocupación efectiva del territorio. En 1903 se formó la Sociedad Industrial de Aysén, orientada a la explotación ganadera de los valles de Ñirehuao, Coyhaique y Mañihuales. Con ello comenzó una nueva etapa: la apertura de sendas, el poblamiento moderno, la llegada de colonos y la transformación progresiva del territorio.

La identidad de Aysén nace de esa superposición de historias: pueblos canoeros que navegaron canales y fiordos; Aónikenk o Tehuelches que recorrieron pampas y valles interiores; exploradores que levantaron mapas; colonos que ingresaron a territorios aislados; y comunidades que, con esfuerzo, comenzaron a construir una vida permanente en uno de los paisajes más complejos y extraordinarios de la Patagonia.

Comprender esta primera etapa permite mirar Aysén con mayor profundidad. Antes de ser una región conectada por caminos, fue un territorio recorrido por agua, bosque, estepa y memoria. Sus primeras rutas no fueron carreteras: fueron canales, pasos naturales, senderos de caza, trayectorias de navegación y caminos abiertos por quienes aprendieron a vivir en diálogo directo con la naturaleza.

Desde Invierte Patagonia, reconocer esta historia es parte esencial de nuestra mirada territorial. Aysén no es solo paisaje; es cultura, memoria, exploración y una relación profunda entre las personas y un entorno natural que sigue definiendo el valor de la región.

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